Barrios

El barrio fue la unidad material y simbólica que ayudó a desplegar una narrativa identitaria. “Somos de aquí”, decían sus habitantes, ya sean morrinos, cavanchinos, matarifes o de Pueblo Nuevo, entre tantos otros. El barrio fue como se dice en la jerga sociológica la comunidad imaginada. Pero a diferencia de la nación, los límites inventados y los materiales coincidían y estaban al alcance de la mano. Sólo bastaba moverse un par de metros más y se daba con el hito que señalaba el ingreso a la otra latitud, a la otra longitud. Se vivía el barrio apegado a la tradición oral. No se necesitaba, la escritura, como lo necesita la nación, ni la escuela, ni la prensa para unir a los miembros. Bastaba el altar de la plaza o de la esquina para recrear la mitología fundacional del barrio. Era suficiente la camisa del club, el tótem del barrio, para objetivarlo y de paso cerrar filas en torno a sus mandatos.