Hace mucho tiempo, llegó expulsado de china un enorme dragón y se asentó en las costas de Ike Ike. Quiso apoderarse de estas tierras y causar temor en los changos que en las cercanías habitaban. El dominio que ejercía lo llevó al extremo de raptar a la hija del jefe de la tribu. La aisló en su guarida a orillas de los cerros costeros y así permaneció durante días.

El padre afligido le ofrece lo imposible para recuperar a su hija, pero de nada sirve. Días después, Lloko, un joven chango de duras facciones, decide cazar al gigante y prepara su atuendo. Recubre su cuerpo con grasa de lobo marino y un poco de sangre que le dan un tono rojizo a su piel, se viste con su collar de conchas marinas, su carcaj provisto de flechas, su arco y lanza arponera. Unas sogas hechas de tripa de animal rodean su cintura y arrastra un tosco cuero con presas a modo de cebos. Luego de eso, recorrió toda la planicie de la extensa costa hasta donde descansaba el animal. Mientras el dragón dormía, el chango impregnó la comida que le llevaba con un tóxico para hacerlo dormir.

El animal al despertar hambriento devora el suculento bocado. Al poco rato se adormila y el indio le dice que no lo matará pero que a cambio deberá quedarse durmiendo por mucho tiempo y cuidar del lugar y su pueblo.

Lloko recuperó a la joven india y la regresó ilesa a la caleta ante la alegría de su tribu. Más tarde, en recompensa el cacique le entregó a su hija como esposa.

En tanto, el dragón se durmió tendido como lo vemos hoy, en la misma ubicación a orillas de la Cordillera de la Costa, exhibiendo su largo cuerpo y su extrema cola, que los vientos a través de los siglos se encargaron de cubrirlo de eternas y doradas arenas.

La tradición, dice que algún día el gran dragón se despertará, sacudirá y renacerá.

Tomado de Portilla Córdova Mario, Leyendas y Tradiciones de Tarapacá: Del Cerro Dragón a la Tirana - adaptado por Tarapaca en el Mundo.
 
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