La procesión constituye uno de los momentos más importantes de toda fiesta patronal, pues simboliza el momento del encuentro entre los peregrinos y el santo festejado. En el caso de La Tirana, obviamente la protagonista es la Virgen del Carmen. Sin embargo, en su andar por las calles del pueblo es acompañada por Jesús y San José. En la procesión participa de manera masiva la gente, pero no todos cumplen los mismos roles ni llevan a cabo las mismas prácticas. Los bailes religiosos, incluidas aquellas personas que no tocan ni bailan, pero que sí son parte de la agrupación, marchan siguiendo a sus santos desde el momento en que éstos dejan la Iglesia. Para los bailes, la procesión constituye un momento de catarsis, dónde establecen una relación directa con la Virgen y dónde su sacrificio se evidencia en las más de cinco horas que dura este ritual.

Otro grupo que participa de la procesión es el de los cargadores. Quizás el rol que implica mayor esfuerzo dentro de la procesión, pues son los encargados de portar y trasladar a las imagenes sagradas, las estatuas de los santos, las que no tocan el piso ni por un minuto mientras se encuentran fuera de la iglesia. Este sacrificio significa, sin embargo, un orgullo para los cargadores, quiénes ven en esta misión la oportunidad de pagar una manda de manera directa y en contacto con sus patronos.

Finalmente, pero no menos importante, participa de la población la comunidad en general, los peregrinos. De incontables rincones del país, e incluso de países vecinos, llegan los fieles para acompañar a la Virgen del Carmen en su día. Cada uno con motivaciones propias, ven en la procesión no sólo la oportunidad de pagar sus mandas, sino también de mantener firme la tradición y la devoción en el marco de la fiesta de La Tirana. Los peregrinos evidencian aquellos aspectos más locales de la fiesta, cada uno con su propia forma de concebirla. Se ve, por ejemplo, como algunas familias preparan pequeños recuerdos que son posteriormente regalados como evidencia de que se estuvo presente en el contexto ritual de la procesión. También existen quiénes adornan sus casas, especialmente aquellos que se ubican en las calles por las cuales pasa la procesión. Esto a modo de colaborar de manera personal o familiar en el ritual.

Sin duda la fiesta de La Tirana es una sola, pero como vemos, la procesión constituye un momento sagrado que posee un valor por sí sola, lo que la hace una instancia bastante interesante y, por lo tanto, digna de conocer.